La libertad de pensarnos en la construcción del destino turístico

 La libertad de pensarnos en la  construcción del destino turístico

Cristian Castro Sáez

Administrador Turístico | Universidad de La Serena

Jefe Departamento de Economía Local

Municipalidad de Alto Biobío 

Avanzar hacia una mayor competitividad del turismo en Chile, conlleva esfuerzos aún más amplios que la mera formalización y pulcritud en los estándares de calidad de la prestación de servicios.

Si bien, esto genera un soporte adecuado para la estadía de los visitantes, existen otras dimensiones a priorizar para el posicionamiento de nuestros destinos, especialmente de los emergentes, que ven en el turismo una vía de desarrollo para sus territorios.

Reflexiono en torno al tema, mientras realizo una pasantía en la región de Trento Alto Adige, al norte de Italia, en medio de los Alpes Dolomitas que limita con Austria y Suiza. Al observar algunos factores del éxito socioeconómico de esta zona —con el mayor PIB y con el segundo más alto  Índice de Desarrollo Humano de Italia—, aparece en primera instancia el contexto histórico, su situación geopolítica y su gestión autonómica, de alto reconocimiento del Estado Italiano, y considerado como único en toda Europa.

Esto, sumado a elementos de cohesión social, con una fuerte sociedad civil —especialmente, en lo referido al cooperativismo—, una sólida institucionalidad regional y herramientas de planificación territorial, es posible que en un espacio de casi 14.000 km2, similar a la provincia de Biobío, se genere una elevada pertinencia en soluciones, con un robusto sistema de gestión turística, incluida la optimización del transporte intrarregional, infraestructura habilitante, investigación y seguridad,  entre otros, reportando mejores condiciones para la vida local y para la inversión y el desarrollo de productos y servicios turísticos.

No obstante, los trentinos no se quedan solo en su orden de vanguardia. A la hora de plantear la interrogante de cuáles son los factores que los hacen más competitivos, la respuesta es espontánea, desde todos los sectores sociales: «es nuestra autonomía, territorio e identidad».  Es decir, desde la libertad de pensarse y proyectarse desde sí mismos. Reconocen en ello, una estrategia exitosa para competir con destinos marcados por una inversión de lógica estandarizada, que caracteriza a la mayor parte de la oferta turística del mundo, en donde la priorización de mercados masivos ya da cuenta de los desequilibrios que genera la turistificación y la gentrificación.

El análisis del caso de Trento reconfirma el enfoque sistémico que requiere el desarrollo turístico, el que emplaza a superar las miradas reductivas que suelen dominar en la práctica. Igualmente, es destacable la estrategia de organización del territorio, compartida por los actores clave y con foco estratégico en su identidad. La creación de valor, y por ende, el desafío de hacernos más competitivos, comienza por activar la participación de nuestro tejido social, en función del patrimonio que reconocemos de manera colectiva como propio; en definitiva, empezar “con lo que somos y tenemos” y que nos diferencia del estándar. Desde esta perspectiva, se ve mayores probabilidades de alcance para el anhelado desarrollo sostenible.

En un año más de conmemoración del Día Mundial del Turismo, esta vez con el lema “Invertir en las personas, el planeta y la prosperidad”, debemos persistir en las instancias que, desde una base común, nos permita impulsar lo que realmente sea necesario para transformar al turismo en aquella oportunidad que muchos territorios de nuestro país siguen buscando.

Notero Regional

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